LA DISCUSIÓN DE CHILLÁN

Pensiones: sin crecimiento, no hay mucho que hacer

Por: Elisa Cabezón

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La discusión sobre pensiones está entrampada políticamente en distintos aspectos. ¿Cuánta solidaridad más debe tener el sistema? ¿Cómo financiamos esa solidaridad? ¿A través de impuestos generales o a través de cotizaciones del empleo formal? ¿Debemos separar la industria? ¿Centralizar la gestión de cuentas? Pongamos un poco de perspectivas al desafío que enfrentamos. A través de las cotizaciones del empleo formal, los trabajadores depositan el 10% de su sueldo en sus ahorros previsionales. Con este ahorro financian los años de pensión. Hoy, las mujeres activas (no pensionadas), durante su vida laboral trabajan formalmente 19 años, en promedio, y se espera que, a partir de los 60 años (edad legal de jubilación), vivan 32 años más. Es decir, la mujer promedio está ahorrando el 10% de su sueldo por 19 años para financiar una jubilación de 32 años. Los números mejoran para los hombres, pero no son buenos.

El hombre promedio está ahorrando el 10% de su sueldo por 26 años, para financiar una jubilación de 23 años. Difícil tener buenas pensiones con estas cifras. ¿Cómo mejoramos el ahorro previsional? Con el crecimiento de nuestra economía, a medida que emprendimientos y empresas formales se expanden y generan más empleos de calidad. Esto está respaldado en la literatura y en la experiencia chilena: el porcentaje de la población en edad de trabajar con empleo formal crece al mismo ritmo del PIB per cápita. Desde el 2013 el PIB per cápita está estancado, junto al porcentaje de la población que se emplea formalmente. Por otro lado, el crecimiento facilitaría aumentar la baja tasa de cotización del 10%. Además del ahorro a través del trabajo, tenemos otra fuente de pensiones: el gasto estatal a través de la Pensión Garantizada Universal (PGU), que hoy equivale a $206.173 mensuales, dirigida a los adultos mayores del 90% más vulnerable. Esta pensión solidaria es financiada con el impuesto de todos los chilenos y representa un gran esfuerzo fiscal: hoy la PGU cuesta 2,3% del PIB, lo que equivale al 10% del ingreso fiscal. ¿Cómo se alivia la carga fiscal en PGU? Nuevamente, con crecimiento económico. Si nuestra economía crece a mayores tasas que la población mayor de 65 años, el gasto de la PGU disminuye. Al contrario, si nuestra economía crece a una menor tasa que los adultos mayores, la carga de financiar la PGU aumenta. Un punto de referencia: si recuperáramos el ritmo de crecimiento del periodo 2004-2013, el gasto en PGU bajaría a 1,3% del PIB en el año 2050, lo que equivale a un 6% del ingreso fiscal. Pero hoy nuestra economía crece menos que la población mayor de 65 años, lo que presiona el gasto fiscal al alza. Es por ello que la reforma de pensiones debe venir acompañada de una agenda centrada en redinamizar la actividad, estancada desde 2013. ¿Cómo recuperamos la vía del crecimiento? Hay varias propuestas: simplificar la tramitación de permisos ambientales y sectoriales para incentivar la inversión; aprovechar el boom del litio, permitiendo que empresas con las tecnologías más limpias y eficientes compitan en la producción del mineral; reducir los costos de despido y facilitar que trabajadores se recoloquen en las empresas más aptas para ellos, entre otras medidas. En fin, diagnósticos y propuestas de soluciones no faltan. Lo que falta es priorizarlas y ejecutarlas, porque sin crecimiento, la reforma de pensiones no podrá hacer mucho por nuestros actuales y futuros jubilados.

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