Modernización del Estado: La rueda de la fortuna política

Por: Macarena Cox

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En el parque de la política chilena, hay una atracción que ha llamado la atención de todos los visitantes: la modernización del Estado. A simple vista, esta imponente “Rueda de la Fortuna” parece ofrecer vistas panorámicas de otro nivel, donde se promueve un futuro más eficiente, transparente y al servicio de las personas. Además, nadie parece tener demasiadas diferencias en valorar su importancia. Sin embargo, pasan los años y ningún gobierno se atreve a subir a bordo y girar el timón. ¿Por qué esta reticencia tan persistente a abordar una atracción aparentemente inofensiva?

Lo primero es la resistencia del statu quo, personificada en algunos funcionarios públicos que temen que los vientos de cambio puedan alterar su cómodo refugio y, en consecuencia, se remuevan los poderes y prerrogativas que han acumulado con el tiempo. En paralelo, vemos cómo algunos personeros importantes de partidos políticos, más allá de sus declaraciones, no están dispuestos a pagar los costos que estas decisiones involucran o, peor todavía, optan por esperar su momento para llegar a la cima de la “Rueda”, utilizando el Estado para sus propios intereses, situaciones que pueden alcanzar altos niveles de corrupción. Democracia Viva es un ejemplo claro de ello.

Un segundo problema que se presenta, dice relación con la absoluta incertidumbre respecto al total de funcionarios que tiene el Estado. Por una parte, sabemos que Chile ha sido uno de los pocos países de la OCDE que no ha recuperado los índices de empleo formal previo a la pandemia; sin embargo, los escasos datos disponibles apuntan a que el número de funcionarios estatales crece. Según el INE, en 12 meses contrataron a 94 mil personas, cifra que después fue puesta en duda por el propio gobierno. No obstante, es incomprensible que no sepamos cuánta gente trabaja en el Estado. Este descontrol de datos y ejecución de gastos solo indica que cualquier modernización que restrinja estas oportunidades puede verse como una amenaza para ese momento potencial y, como resultado, la atracción se mantiene en constante giro sin llegar a ninguna parte.

Un tercer inconveniente se presenta, cuando los políticos, atrapados en una montaña rusa de elecciones periódicas, en muchas ocasiones se enfocan en lograr éxitos de corto plazo para impresionar a sus votantes dejando de lado lo fundamental: lo de largo plazo. En este sentido, es un pésimo negocio embarcarse en una montaña más alta y empinada que no ofrece recompensas inmediatas, y sí puede desencadenar profundas fracciones al interior de la administración pública.

Otro problema se produce al tener un sistema político tan polarizado, donde ha resultado complejo alcanzar consensos y que cada vez es más difícil enfrentar los obstáculos desconocidos de un camino hacia la modernización. La política chilena se ha transformado así en un camino de relevos donde las autoridades de turno corren un tramo cubierto de desafíos y responsabilidades que no esperaban. Y, en lugar de hacer alianzas con la oposición para trabajar juntos en una carrera que le dé bienestar al país, se dividen para competir en maratones de corto plazo que les permitan destacar en la próxima encuesta de opinión.

De esta manera, si queremos romper la inercia, debemos hacer cambios profundos y el primer paso ha sido la redacción de una nueva Constitución. La comisión de Sistema Político del Consejo Constitucional aprobó parte relevante de los contenidos propuestos en la iniciativa de norma “Estado sin Pitutos” y su discusión se realizó en torno a un ánimo bastante constructivo de parte de todos los sectores. Ahora necesitamos también un compromiso real del gobierno y los parlamentarios de nuestro país, donde se comprometan para avanzar en estos cambios sin dejarlo para la recta final del mandato, cuando un gobierno ya está de salida.

Hay que entender que esta “Rueda de la Fortuna” no es solo para los políticos, sino para todos nosotros. Si queremos disfrutar de las vistas panorámicas que ofrece una administración pública al servicio de los ciudadanos, debemos alentar a nuestros líderes a subirse a bordo y dar un giro. Después de todo, en este parque de la política, es la sociedad la que merece la mejor vista desde lo más alto.

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