LA TERCERA

El día después del plebiscito

Por: Macarena Cox

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El próximo 18 de diciembre por la mañana, despertaremos como un equipo de básquetbol en el punto crítico del juego, con el resultado del plebiscito que marcará el inicio de una nueva etapa. En este escenario, el mundo político tendrá la oportunidad de asumir el rol de pivote, ese jugador que desde una posición central se ubica como un eje y articulador que facilita las acciones del equipo. Un símbolo de la tarea que tenemos por delante: conectar las necesidades ciudadanas, con políticas públicas eficaces y con visión de futuro para hacerlas una realidad.

Miremos lo que ha sido el Metro de Santiago, un ejemplo de cómo la visión a largo plazo y un acuerdo político transversal pueden generar cambios significativos. Este sistema de transporte, con una inversión de miles de millones de dólares y una extensión de 149 kilómetros, ha mejorado la vida de millones de santiaguinos, facilitando el traslado diario de aproximadamente 2,5 millones de pasajeros y con proyectos de expansión que se mantienen más allá de quién gobierne y cualquiera sea su color político.

Se trata, además, de una política pública que no solo le ha facilitado la vida a millones de personas, sino también se ha transformado en un símbolo de identidad y dignidad. Identidad, pues es de los proyectos que generan pertenencia, que sentimos como propios, al punto de incorporarlos en nuestras vidas cotidianas. Dignidad, porque sentimos que nos trata a todos por igual y sin diferencias; no habiendo carros de primera y segunda categoría, al punto que las estaciones y trenes más modernos no son los de las comunas donde viven las personas más privilegiadas.

Sea cual sea el resultado del próximo plebiscito, el mundo político -al igual que el pivote- deberá mostrar similar agilidad y visión estratégica para llevar adelante otras reformas esenciales, ya sea en la implementación de un nuevo texto constitucional o, en el caso contrario, acordando en el Congreso aquellos cambios estructurales que venimos postergando desde hace ya demasiado tiempo. Uno de los más urgentes se relaciona con el mal funcionamiento y las fallas estructurales en la administración del Estado, lo que redunda en su ineficiencia, falta de transparencia y mal trato a las personas.

Por ello, es impostergable la necesidad de crear un nuevo régimen de empleo público basado en el mérito y el desempeño, limitando las designaciones políticas; y estableciendo restricciones en cuanto al número de funcionarios de confianza. Estas medidas, contempladas en el borrador de Constitución y apoyadas por decenas de miles de personas que suscribieron la iniciativa popular de norma “Por un Estado sin Pitutos”, nos permiten avanzar hacia un sistema más eficiente y transparente en la administración pública, medidas que debieran ser impulsadas independiente de cuál sea el resultado del plebiscito.

El día después no es solo un nuevo comienzo, sino que es el momento de actuar con visión, coraje y grandeza. Es la oportunidad para que el mundo político se transforme en el pivote que nos permitirá como ciudadanos comenzar a ganar este partido.

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