EL MERCURIO

Declaración de Pivotes: Hagámonos Cargo

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Los asesinatos de los carabineros Álex Salazar, Rita Olivares y Daniel Palma conmocionaron a nuestro país y generaron espontáneas y emocionantes muestras de apoyo a sus familias y a la institución. Pero también consiguieron lo que parecía imposible: que los distintos sectores políticos acordaran avanzar en plazos ciertos en una agenda de seguridad que se encontraba estancada en el Congreso. Nuestra sociedad tuvo que vivir una tragedia para romper con la desidia y la normalización de la violencia que lleva años condicionando la vida de las chilenas y chilenos.

Pero no es la primera vez que circunstancias límites -guardando las proporciones- han sido necesarias para activar agendas. Los alarmantes niveles de deserción y ausentismo en las escuelas y los escandalosos indicadores de pérdidas de aprendizaje lograron al menos instalar la idea de un terremoto educacional. En el ámbito económico, fue necesario perder el liderazgo global en la producción de litio y que los precios explotaran con la subsecuente pérdida de ingresos millonarios para el fisco, para que la conversación sobre su desarrollo adquiriera el protagonismo que merece en el debate local.

¿Debe extrañarnos que episodios críticos catalicen acuerdos? ¿Es malo que así sea? Ni lo uno, ni lo otro. Las circunstancias extremas muchas veces logran romper inercias y re-estructurar la jerarquía de las agendas políticas. Pero cuidado.

Que el sistema político requiera de ellas para reaccionar es un síntoma de la crisis que vive la democracia representativa y sus instituciones en Chile y el mundo.

El Democracy Report del V-Dem Institute, de la Universidad de Gotemburgo, muestra que si el 2012 el 42% de la población vivía en autocracias, es decir, sistemas de gobierno que concentran el poder en una sola figura con débiles contrapesos, diez años después dicho porcentaje subió a 72%, lo que equivale a 5.700 millones de personas. Casi 3 de cada 4 habitantes en el mundo vive bajo un régimen autocrático.

Y en Chile no estamos exentos del riesgo de engrosar ese número. Porque cuando la política sólo reacciona ante circunstancias extremas, se corre el riesgo de pasar del inmovilismo a un frenesí legislativo efectista y cortoplacista que elude el camino largo de fortalecer las instituciones y mejorar la gestión del Estado.

Considerando este apabullante escenario, no podemos sino hacernos cargo de esta crisis en toda su complejidad. ¿Cómo?

Primero, activándonos en lo público. La vitalidad de nuestra democracia descansa, en gran medida, en la participación de los ciudadanos y ciudadanas, tanto en el plano individual a través del voto, como en el colectivo participando en organizaciones intermedias. En momentos de crisis como el que vivimos, es cuando las organizaciones de la sociedad civil deben actuar como contrapeso a las inclinaciones autocráticas o populistas.

En segundo lugar, desafiando y enriqueciendo el proceso constitucional, y motivando a que los ciudadanos participen en las subsecuentes elecciones y plebiscito. Porque una nueva Constitución representa una inigualable oportunidad para empezar a corregir la disfuncionalidad de nuestro sistema político y la estructura decimonónica de nuestro Estado, que explican la ineficacia del primero en acordar oportunamente las reformas necesarias, y del segundo en prestar servicios de calidad a los ciudadanos.

Y tercero, visibilizando imperativos que marcan el Chile de hoy, pero que no son parte de las urgencias políticas. En Pivotes estamos abocados a cuatro de ellos: reactivar el desarrollo sostenible de nuestras riquezas naturales; activar la colaboración público-privada para enfrentar el terremoto educacional, del cual lamentablemente aun no nos hacemos cargo ni recibe la primerísima prioridad que debiera; re-impulsar la transformación de la administración pública para ponerla al servicio de los ciudadanos; y en formalizar el empleo para que opere como palanca de desarrollo humano y protección social. Los cuatro requieren habilitaciones constitucionales, políticas públicas e iniciativas privadas para hacerles frente. Los cuatro no podrán ser enfrentados si nuestro Estado no recupera su capacidad para garantizar lo más esencial en una democracia: el derecho de los ciudadanos a vivir en paz.

Pivotes nació inspirado por la importancia de crear nuevos espacios de participación ciudadana en lo público; y para colaborar en la conexión de políticas públicas y la evidencia que las sustenta, con la ciudadanía y la política.

Súmate. Involúcrate. Vota.
Red Pivotes
www.pivotes.cl

Suscriben este documento:

Bernardo Larraín, presidente de Pivotes

Angélica Cepeda, directora ejecutiva de Pivotes

Carmen Luz Assadi, integrante del comité ejecutivo de Pivotes

Paulo Carrasco, integrante del comité ejecutivo de Pivotes

Francisca Jünemann, integrante del comité ejecutivo de Pivotes

Rafael Palacios, integrante del comité ejecutivo de Pivotes

Pauline Vial, integrante del comité ejecutivo de Pivotes

Sebastián Rivas, director de Incidencia de Pivotes

Elisa Cabezón, directora de Evidencia de Pivotes

Macarena Cox, jefa de Comunicaciones de Pivotes

Joaquín Barañao, integrante del equipo de Incidencia de Pivotes

Paula Streeter, integrante del equipo de Incidencia de Pivotes

Ignacio Briones, integrante del Consejo Asesor de Pivotes

Pablo Correa, integrante del Consejo Asesor de Pivotes

Javiera Parada, integrante del Consejo Asesor de Pivotes

Andrés Velasco, integrante del Consejo Asesor de Pivotes

Marta Canto, integrante de la Red Pivotes

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