El Mercurio

Punto de inflexión y proyección

Por: Bernardo Larraín

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Al cumplirse 100 días del cambio de mando, se constata un panorama económico más sombrío de lo que creímos en ese momento, marcado por una situación fiscal peor, un mundo menos predecible o más discrecional y un estancamiento económico y laboral de bases más estructurales de lo que se pensaba. Es decir, se configura un contexto en el que, para provocar un necesario punto de inflexión en nuestra alicaída economía, las tareas que debemos realizar en casa deben ser más ambiciosas.

Despejando el ruido provocado por consignas maniqueas y caricaturas de un lado, y por acusaciones constitucionales injustificadas del otro, es posible advertir recetas políticas claramente distintas para enfrentar este desafío.

En su proyecto de ley de reconstrucción, es evidente que el Gobierno y el oficialismo conciben el rol del Estado como el de habilitador del crecimiento, de manera que el protagonismo recaiga en ese dinamismo empresarial, configurado por decisiones descentralizadas de inversión, innovación y empleo, ya sea directamente o a través del mercado de capitales, de cientos de compañías e inversionistas, grandes y pequeños, locales y extranjeros, incumbentes y desafiantes.

En efecto, bajar la tasa del impuesto empresarial para equipararla con el promedio de la OCDE, agregar una rebaja adicional mediante un crédito tributario dirigido a empresas intensivas en empleos con salarios entre $500 mil y $800 mil, y abordar la sobrerregulación a la que están sometidos los proyectos de inversión, son propuestas que le reinyectan combustible a ese engranaje.

Entre las oposiciones, el PC y el FA claramente le otorgan al Estado un rol de conductor del crecimiento, a través de una política industrial como la estrategia nacional del litio, el financiamiento público por parte de una banca para el desarrollo o el impulso a empresas tecnológicas nacionales. No debe sorprender que estigmaticen las propuestas del Gobierno como chorreo neoliberal.

Es bueno reconocer que entre estas dos posiciones hay pocos puntos de encuentro, pues subyacen ideas diametralmente opuestas sobre las causas del dinamismo económico. Para unos, la base está en la actividad empresarial y la habilitación estatal; para los otros, en la conducción estatal y un rol subordinado del sector privado.

El proyecto de ley de reconstrucción debe ser evaluado en su justa dimensión: como un conjunto de intervenciones quirúrgicas, pero sustantivas, en las teclas tributaria, permisológica y laboral, para un primer momento del desafío económico: provocar un punto de inflexión que rompa la inercia. Quienes creen que el dinamismo empresarial, más que la conducción del Estado es el responsable de provocarlo, contribuirían proponiendo correcciones y complementos sin diluir la esencia de la iniciativa ni su temporalidad. Quienes, por su parte, creen que la conducción del Estado es la principal responsable de re-dinamizar la economía, es totalmente coherente que rechacen el proyecto de ley.

Zanjada esta discusión, debiéramos pasar a un segundo momento del debate económico, quizás más relevante que el primero: cómo darle proyección de largo plazo al cambio de rumbo. Para este momento, la agenda debe ampliarse. Y un buen punto de partida es plantear algunas preguntas. Primero, las más ligadas a la cuestión propiamente económica: ¿Qué reformas requiere nuestro rígido Código Laboral? ¿Cómo puede el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental ofrecer certezas tempranas? ¿Cómo, desde la política pública, pero sin caer en el dirigismo, se puede incentivar la incorporación de mayor conocimiento y complejidad a nuestra economía? ¿Cómo profundizar nuestro mercado de capitales?

Luego, preguntas sobre cuestiones que, trascendiendo la economía, son habilitantes para su buen funcionamiento: ¿cómo recuperar la funcionalidad del sistema político y del proceso regulatorio? ¿Cómo restaurar y extender el imperativo de eficacia y eficiencia en la administración pública? ¿Cómo lograr que la oferta educacional no solo cumpla el estándar mínimo que merecen los ciudadanos, sino que también se adecue a los requerimientos de esta época, marcada por la IA?

Ni chorreo ni solución mágica, el proyecto de ley de reconstrucción es un buen punto de partida con el potencial de provocar un quiebre en el estancamiento. Pero para transformarlo en mayor crecimiento potencial de largo plazo, hay mucho más que discutir y reformar.

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