La Tercera
Dime cómo te eliges y te dire quién eres
Hace algunas semanas vimos a dos alcaldes, uno militante del Frente Amplio, el otro de la UDI, desplegados en distintos medios de comunicación, convocando a cambiar el tono del debate público, encontrar mínimos comunes y pensar en claves de plazos un poco más largos. ¿Qué genera que los alcaldes usen tonos y formas tan distintas a los de la política parlamentaria?
La respuesta más frecuente es que se debe a su rol: el alcalde es la primera línea de la política, su pega es resolver problemas, no puede ni quiere perder el tiempo en debates políticos estériles. Algo de eso hay, sin duda, pero esta dupla está hablando de empleo público, de sistema político, de estrategia de desarrollo, temas poco ciudadanos, por lo que pareciera haber algo más profundo.
Una explicación posible son las reglas con que se eligen en sus cargos. Los sistemas electorales no son neutros, incentivan conductas y comportamientos concretos de los actores políticos. El de los alcaldes los obliga a hablarle al votante medio, a hacer sentido a una mayoría de sus electores. La forma en que elegimos a nuestros diputados, en cambio, hace lo contrario, fomenta seleccionar un nicho al cual representar. Mientras más grande el distrito, más cupos reparte, y se vuelve más rentable el activismo de minorías. De allí que uno vea tal distancia entre un alcalde del Frente Amplio y su jefe de bancada en la Cámara de Diputados, y lo mismo aplique a la UDI y a casi todos los partidos.
Las encuestas parecen mostrar que nos gusta el modo y el tono del mundo alcaldicio. Pues entonces podríamos replicar algunas características de la forma en que los elegimos, partiendo por distritos más pequeños, que elijan uno o dos parlamentarios. Sería un experimento muy útil para mostrar cómo nuestros representantes se adaptan a los incentivos que les fijamos.