El Mercurio

Avellanos europeos

Por: Bernardo Larraín

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Señor Director:

A partir de este producto chileno de exportación, se ha producido un necesario debate sobre el rol del Estado en el crecimiento económico.

Ni el futuro ministro de Hacienda ni nadie serio podría sostener, como insinúa el excanciller Walker, que el Estado y sus instituciones son puro lastre. Por el contrario, les corresponde un rol habilitador y regulador que es esencial para el crecimiento y el desarrollo humano. Pero este reconocimiento evidente no debe inhibir la crítica a cómo el Estado ha ejercido su rol en la última década y media de crecimiento mediocre y estancamiento en la productividad. Son innumerables los ejemplos que muestran cómo ha dejado de ser habilitador del emprendimiento privado, o bien ha ejercido su rol regulador con tal desmesura que termina inhibiendo el dinamismo empresarial.

Mientras la minería privada del cobre pasó de representar la quinta parte que la estatal a más que triplicarla desde que fue habilitada por el modelo de concesiones, el litio ha estado estancado por una estrategia nacional que le da un rol conductor al Estado, para definir discrecionalmente qué empresa y en alianza con qué entidad estatal puede desarrollar proyectos.

Mientras en Noruega la ambición del gobierno es quintuplicar el volumen de salmón, en Chile excesos regulatorios como la Ley Lafkenche tienen sumida a la industria en la incertidumbre y el estancamiento.

Finalmente, es de amplio consenso que hemos pasado desde un necesario rol regulador del Estado, responsable de establecer crecientes y predecibles estándares medioambientales, a esa permisología kafkiana, por cuya complejidad y discrecionalidad se cuelan los más diversos intereses o activismos para paralizar la inversión. Qué distantes están estas intervenciones estatales cuando se las compara con la red de tratados de libre comercio mencionada por Walker.

Bienvenida esa colaboración público-privada donde el Estado ejerza un rol habilitador y regulador que, si bien admite diversas intensidades, no debe pasar ese límite sobre el cual termina inhibiendo el emprendimiento, la innovación y la inversión. Lamentablemente en Chile se pasó ese umbral hace rato, y, para recuperarlo, se requerirán reformas relevantes al Estado, a sus instituciones y a sus regulaciones.

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