EL MERCURIO DE ANTOFAGASTA

Litio en Chile:

Un año más, ¿qué más da?

Por: Joaquín Barañao

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Aunque la cumbia de la Sonora de Tommy Rey no homenajea la industria chilena del litio, por momentos lo pareciera. Ahora que se nos va un nuevo año, veamos cómo está respondiendo la industria minera mundial al desafío de multiplicar por siete la oferta de litio a lo largo de esta década. Porque, salvo que se produzca un milagro tecnológico por ahora no está en los libros de nadie, esa es la cantidad que vamos a necesitar para avanzar en la electrificación del transporte y guardar aunque sea una ligera esperanza de descarbonizar la economía a tiempo.

En Australia, una sociedad práctica que sabe aprovechar oportunidades sin ataduras ideológicas setenteras, avanzan alegremente los proyectos productivos de Kathleen Valley, Mt Holland (en el que participa SQM) y Mount Finniss. Eso aparte del sostenido incremento en la capacidad de las minas existentes, respuesta obvia a precios que, si bien lejos de la locura del ’22, siguen siendo muy superiores a lo que acostumbrábamos. Así que este año los muchachos debieran andar por las 410 mil toneladas, trece veces lo que ostentaban una década atrás, cuando sumaban medio Chile (hoy suman 1,6 Chiles).

En paralelo los oceánicos están aumentando progresivamente su capacidad de refinación, y de a poco van relegando su hábito de enviar rocas crudas a China. Argentina es un animal muy distinto. A lo largo de las décadas se ha asentado una cultura recelosa de las fuerzas vivas del mercado (cosa de observar sus controles de precios y su dólar oficial).

Es además un país con poca tradición minera. Sin embargo, en el caso específico del boom litio han sabido anteponer cualquier gato que cace ratones a consideraciones ideológicas y cepos cambiarios. Una treintena de proyectos productivos llevará al vecino a más que duplicarnos a fines de esta década, aun cuando solo unos pocos años atrás nosotros los cuadruplicábamos, y aun cuando las concentraciones de litio son peores allende los Andes. China, que hasta 2017 era una nota al pie en la industria, experimenta una explosión litífera, sobre todo en torno a la ciudad de Yichun, que la empujará a reportar dentro de dos años casi lo mismo que lo que Chile, el dueño de las mejores reservas del mundo, reporta hoy. Brasil, que para efectos prácticos no existía hasta 2019, está comenzando a emerger, y algo parecido ocurre con Zimbabue, donde un ramillete de empresas chinas ha invertido más de mil millones de dólares para hacer del litio el tercer mineral en su canasta.

En Estados Unidos, fabricante de vehículos eléctricos y donde aprieta especialmente la dependencia de China, la mina de Thacker Pass ya en construcción entregará 80 mil toneladas una vez culminadas sus dos fases.

¿Y en Chile? Bueno, aparte de la ampliación de las dos mismas faenas de siempre podemos jactarnos de un gran total de… cero proyectos nuevos en construcción. Mucho anuncio, mucha asignación de cuotas a precio rebajado para valor agregado, mucho litigio en todas las instancias imaginables, pero aún ni una sola retroexcavadora en terreno. ¿Qué estamos esperando para eliminar esa excepcionalidad absurda y tratar al litio como un mineral más, tal como hace todo el resto de nuestros competidores? Mientras tanto, seguiremos escuchando la misma canción: ‘Un año más / ¿qué más da? / cuántos se han ido ya’

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