DIARIO FINANCIERO

Informalidad laboral: el elefante en la sala

Por: Jorge Fantuzzi

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Tuve el gusto de ser invitado por Pivotes para participar de una mesa de diálogo respecto de los desafíos en materia de informalidad laboral en Chile. Aunque se habla poco de esto, el tema es clave, especialmente en períodos en que la pandemia ha forzado a adaptarse económicamente a las familias y dejó en una situación de mayor vulnerabilidad en materia de protección social a quienes trabajan de esta manera.

En este contexto participé de una reunión con varios emprendedores que han transitado (o están transitando) desde la informalidad hacia la formalidad de sus negocios. La reunión fue extraordinariamente útil y a continuación resumo algunos puntos.

“La economía chilena pasa por un momento muy delicado y por eso es fundamental tomarse en serio el problema de la informalidad. Mejor hablar de este tema ahora, antes de que sea tarde”.

Primero, el concepto detrás de todas las historias de formalización fue la productividad. Todos los emprendedores lo llamaron distinto, pero siempre era eso. Las políticas públicas deben focalizarse en el grupo de empresas y empleos que tienen fallas de productividad para solucionar ese problema -y no otros-. La amenaza de la fiscalización no es suficiente, porque no hará que las empresas corrijan su problema estructural y se hagan más productivas.

Segundo, -esto lo sabe cualquiera que haya emprendido- tenemos un problema de exceso de trámites. No podemos tener una agenda seria de formalización en el país sin que se reduzca la tramitología de emprender. Es algo que ya sabíamos, pero que hace que cualquier otra cosa que se proponga parezca irrelevante.

Tercero, las municipalidades son clave para el fomento productivo de los emprendedores, especialmente de los más vulnerables. Esto lo conozco gracias a iniciativas como Acción Emprendedora, que se dedica –entre otras cosas- a apoyar a municipios en esto. Si se quiere formalizar a emprendedores, no sólo es necesario que las municipalidades sean menos burocráticas, además deben tener prácticas de ayuda o fomento.

Cuarto, otro tema relacionado con las municipalidades es la corrupción. Todos los emprendedores –todos- tenían alguna historia de corrupción municipal para agilizar (o dejar de demorar) sus trámites. Este tema no puede postergarse si se quiere abordar en serio la formalidad empresarial.

Quinto, sigue vigente mejorar y unificar los subsidios laborales con los que ya cuenta el Estado. Se deben revisar montos y temas operativos que lo hacen menos atractivo de lo que debería ser.

Sexto, el proceso migratorio es también muy importante. No sólo por su dimensión humana, también por su impacto en la informalidad. Ya sabíamos que el número es relevante, pero se hace muy patente en la conversación. Acá las soluciones no son triviales, pero sí son urgentes.

Séptimo, las redes sociales y medios de pago online hace que proliferen emprendimientos sin la necesidad de formalizarse. Esto puede ser una oportunidad para que el Ministerio de Economía use las redes sociales de emprendimientos para prospectar candidatos de formalización y ofrecerles ayuda concreta. No usarlas sólo para el “garrote” de empezar a cobrarles impuestos, ofrecerles la “zanahoria” de la ayuda para formalizarse.

Octavo, aunque políticamente parece imposible, es fundamental reducir radicalmente la indemnización por años de servicio. Es un costo gigante a la formalidad que no favorece a empresario ni trabajadores.

La economía chilena pasa por un momento muy delicado y por eso es fundamental tomarse en serio el problema de la informalidad. Mejor hablar de este tema ahora, antes de que sea tarde.

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