La Tercera

Flexibilidad laboral:

Urgencia ante el desempleo

Por: Francisca Jünemann, Soledad Hormazábal y Luis Lizama

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Ante las cifras del desempleo e informalidad en Chile que llegaron a niveles de 8,9% (10% en las mujeres) y 26,5% respectivamente, debemos ya no solo pensar fuera de la caja sino romper la caja con nuevas medidas de adaptabilidad laboral.

Nuestro Código del Trabajo nace en 1931 y si bien ha sido permanentemente reformado, aún mantiene una lógica de trabajo dependiente que no se adapta a las actuales realidades y escenarios. Mientras en épocas pasadas predominaba la búsqueda de estabilidad laboral con espacios de trabajo y jornadas claramente delimitadas, hoy los cambios culturales y tecnológicos han dado lugar a trayectorias diversas y a un creciente anhelo de flexibilidad, especialmente horaria donde el control absoluto sobre el tiempo de trabajo se distancia de lo que las personas quieren.

Persistir en reglas pensadas para otra época tiene costos en la productividad y en el desempleo. El informe “Pivotes propone: medidas para flexibilizar nuestra legislación laboral” (marzo 2026) evidencia que la flexibilidad laboral es un determinante de la productividad. Mientras en gran parte de los países de la OCDE la productividad laboral muestra una tendencia creciente, desde hace más de dos décadas en Chile se observa un estancamiento en el valor agregado por trabajador. A su vez, más rigidez en el mercado del trabajo también está asociada con mayores tasas de desempleo.

Para ilustrar la rigidez pensemos en el comercio que enfrenta semanas de alta demanda y otras mucho más bajas. Las empresas podrían ofrecer horas de trabajo para cubrir esos shocks específicos y los trabajadores aceptarlas o rechazarlas de acuerdo a sus propios tiempos. Sin embargo, la legislación impide este tipo de acuerdos y obliga a predefinir y mantener constante las mismas horas todas las semanas. Algo similar ocurre con los cortos períodos de referencia para promediar horas, que dificultan equilibrar meses de distinta intensidad.

A pesar de que en el último tiempo hemos avanzado en mayor adaptabilidad con opciones como la mensualización de la jornada (siempre que el promedio no exceda del límite semanal fijado por la ley) o bien, que la jornada se distribuya en 4 días de trabajo por 3 días de descanso, debemos debatir nuevas alternativas como el trabajo por hora o la anualización de la jornada.

Por otro lado, si bien el Código del Trabajo permite expresamente desarrollar dos o más funciones, sean estas alternativas o complementarias, la obligación de describir la naturaleza del servicio ha llevado a la Dirección del Trabajo y a los tribunales de justicia a descartar la polifuncionalidad.

El camino es avanzar hacia un marco laboral más flexible, con mayores márgenes de libertad con seguridad social, en el que revisemos el régimen de jornada y fortalezcamos la polifuncionalidad, en línea con la experiencia de otros países desarrollados, entendiendo que no es una amenaza a las personas trabajadoras, sino una herramienta para adquirir nuevas habilidades que se adapten a los cambios.

Caminar en esa dirección supone enfrentar prejuicios preexistentes, como la idea de que toda flexibilidad laboral conduce inevitablemente a precariedad o abuso; visión que soslaya que sin empleo no hay derechos laborales ni poder alguno de negociación y que sin formalidad no hay seguridad social.

Hace tiempo que necesitamos una mirada más compleja sobre el trabajo, pero hoy la irrupción de la automatización y la inteligencia artificial en un contexto de aumento de desempleo e informalidad la vuelve ineludible. La forma de trabajar está cambiando y seguirá haciéndolo, por lo que mantener rigideces solo aumenta el riesgo de mayor exclusión.

El anuncio del Ministro del Trabajo Tomás Rau de una mesa técnica de empleo para enfrentar la emergencia laboral puede ser un buen punto de partida.

Por: Francisca Jünemann presidenta ejecutiva de ChileMujeres, Soledad Hormazábal, directora de Evidencia de Pivotes, y Luis Lizama, abogado.

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