El catalejo de Galileo

Después de la tormenta

Por: Sebastián Rivas

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* Sebastián Rivas es el director de Incidencia de Pivotes.

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Lo constataba el propio Presidente Gabriel Boric hace unas semanas: el ambiente, lo dijo en sus palabras, estaba eléctrico. Se refería a la conmemoración por los 50 años del golpe de Estado, pero el alto voltaje se viene percibiendo hace demasiado tiempo, de diferentes maneras. ¿Ha bajado algún cambio el debate chileno desde el estallido social, hace ya cuatro años, golpeado emocionalmente también por una pandemia inédita y devastadora?

La tormenta no ha parado, aun cuando ha cambiado de direcciones. Dos procesos constitucionales con supermayorías de distinto signo lo constatan. Entremedio, el presidente más joven en 200 años intenta fijar un rumbo. Todo parece urgente, en cada tema se nos va la vida. Ingresar a las redes sociales, ya desde hace un tiempo, es entrar a un juego de dos polos donde quedarse en el medio es señal de cobardía e intrascendencia, antes que moderación y reflexión.

Son tiempos de tormenta, no sólo en Chile, sino en el resto del mundo. Y podríamos resignarnos a ver llover, a que las gotas caigan y sigan inexorablemente marcando nuestro ritmo de avance. Dejarnos llevar por el clima, antes que enfrentar qué podemos construir para evitar ser empapados por ella.

La tregua de Fiestas Patrias da paso a 365 días que serán críticos para lo que los libros de historia dirán de la administración Boric. El próximo año, en la misma fecha, estaremos en la víspera de las elecciones municipales y de gobernadores, el momento que da el disparo de salida a un último año marcado por comicios y cálculos electorales. Ese último año, además, es muy difícil para que los gobiernos de cualquier signo impulsen su agenda. Por ende, en el período que comienza ahora y va hasta el 18 de septiembre de 2024, el presidente y su equipo se juegan el impulsar aquellos proyectos que serán parte de su legado.

Desafíos abundan. ¿Sellará Gabriel Boric una nueva Constitución? ¿Lograrán sus ministros avanzar en un pacto fiscal, una reforma de pensiones y cambios en el sistema de salud? ¿Qué pasará con la creciente demanda en seguridad? Son temas, por cierto, urgentes e ineludibles, pero que avizoran fuertes debates políticos.

Sin embargo, si de detener la tormenta se trata, el mandatario tiene una posibilidad hasta ahora poco explorada. Parafraseando al mítico aviso atribuido a Ernest Shackleton, es un viaje peligroso, con peligro constante, y que sólo en caso de éxito garantiza honores y reconocimiento. Es avanzar en aquellos temas que han quedado pospuestos pese a tener un acuerdo transversal en el diagnóstico, porque se enfrentan a grupos de interés muy poderosos o porque su implementación da pocos réditos electorales.

¿No sería un avance gigantesco que el Presidente retomara aquel eslogan de su franja en que prometía “no más pitutos”, y se embarcara en una verdadera reforma al empleo público que premie la meritocracia y minimice los puestos de confianza, uno de los asuntos en que se vio mayor unidad de bloques en el Consejo Constitucional? ¿O por qué no potencia y acelera elementos que permitan hacer carne el diagnóstico de sus propios ministros en cuanto a la denominada “permisología”, no sólo a través de reformas legislativas, sino usando mecanismos del poder Ejecutivo para buscar innovaciones que favorezcan al país?

Por más que el agua a veces no nos deje ver bien, hay temas centrales en el corazón de la tormenta que si no son enfrentados nos mantendrán bajo amenaza. El gobierno, en el próximo año, tiene la oportunidad histórica de enfrentarlos, proponer consensos y lograr acuerdos. Quién sabe si, al final, ésa es la receta para que la electricidad en el ambiente disminuya, y para que logremos construir las bases de un refugio que nos permita esperar en calma el arcoíris que suele salir cuando la tormenta queda atrás.

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