La Tercera
SAE:
Reducir la frustración, no administrarla
Señor director:
La semana pasada avanzó en el Congreso un proyecto de ley que puede cambiar la vida de miles de familias. Casi nadie se enteró. Toda la energía del debate educacional está puesta en otra cosa.
Esa otra cosa es la modificación al SAE. El Ejecutivo le ha puesto energía política, titulares y capital. Cualquiera diría que resuelve el principal problema de la educación chilena, pero no. El SAE —o un eventual mecanismo que lo reemplace— es un sistema de distribución. Distribuye lo que hay. Cuando la oferta de calidad es escasa —como lo es en decenas de comunas del país—, cambiar el algoritmo no resuelve nada de fondo: solo reorganiza a los mismos ganadores y perdedores de siempre. Es, en el mejor caso, un administrador de frustración. No lo olvidemos: 1 de cada 4 niños están en establecimientos de mal desempeño, y en regiones como Atacama casi la mitad de los colegios entregan educación de mala calidad.
El proyecto que pasó desapercibido es el Boletín N° 16743-04-S. Permite que sostenedores de probado desempeño se hagan cargo de colegios que funcionan mal o están en riesgo de cierre. Sin inversión adicional. Sin partir de cero. Apunta a un problema estructural de nuestro sistema: hay buenos sostenedores que no pueden crecer y aprovechar las bondades de los modelos de red. Eso significa más establecimientos de calidad disponibles para las familias que los necesitan. En vez de redistribuir la escasez, reducirla.
Es de esperar que el Ejecutivo lo entienda así. Los esfuerzos y los recursos deben orientarse a reducir la frustración, no a administrarla.