La Tercera

Alta Dirección Pública

no necesita más discrecionalidad

Por: José Antonio Valenzuela

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SEÑOR DIRECTOR:

El director del Servicio Civil plantea que los 130 cargos de primer nivel jerárquico de la ADP deberían ser «balas de Cartaplata»: directivos de confianza que el Presidente pueda instalar rápidamente. La propuesta merece un examen cuidadoso.

Esos cargos son, en rigor, de confianza: la autoridad puede removerlos por la pérdida de esta. La diferencia está en cómo se designan. Hoy, el concurso ADP produce una terna de candidatos idóneos dentro de la cual la autoridad elige libremente —considerado también la afinidad política-. El sistema no elimina la confianza; la filtra por mérito. Lo que se propone es designación directa, sin concurso ni terna: algo que ya existe para 12 cargos por ley, y que extender a 118 más no es perfeccionar el sistema, es desmantelarlo.

El resultado sería politización de la alta gerencia estatal, erosión del estándar mínimo de idoneidad y mayor opacidad. La única ventaja concreta es facilitarle la vida al Ejecutivo —objetivo legítimo, pero insuficiente para justificar el costo institucional.

La ADP es uno de los pocos activos que Chile ha construido en materia de empleo público. No merece ser desarmada en nombre de la velocidad.

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