EL MOSTRADOR

Romper la inercia en materia de empleo en Chile

Por: Elisa Cabezón

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En el debate político hay una especial preocupación por el nivel de empleo pospandemia. A nivel país faltan 420 mil puestos de trabajo por recuperar y la tasa de desempleo está cercana al 9%, un aumento relevante respecto al 7% que había en el 2019. Sin embargo, nuestro mercado laboral comenzó a mostrar señales de deterioro desde antes del COVID-19, desde hace diez años, el que se aceleró en los últimos dos, lo que refleja una economía que ha perdido su dinamismo y capacidad de crecimiento. El desafío en materia laboral no debiera reducirse a recuperar lo que se perdió durante la pandemia, sino más bien dirigirse a romper la inercia del deterioro que comenzó en el 2013.

Una de las formas para evaluar la situación laboral de un país es la tasa de desempleo, que mide el porcentaje de la fuerza laboral (personas que trabajan o quieren trabajar) que buscan trabajo sin éxito. Así, aumentos en la tasa de desempleo es señal de que la economía no está siendo capaz de crear los puestos laborales que la población en edad de trabajar está buscando.

Al analizar los datos históricos, encontramos que desde el 2001 hasta el 2013 el desempleo de Chile fue decreciendo constantemente, alcanzando incluso tasas menores que el promedio de la OECD. Pero este fortalecimiento de nuestro mercado laboral se detiene repentinamente. En el 2013 la tasa de desempleo llega a su mínimo de 5,8% y comienza a aumentar sin pausa. Luego, este deterioro laboral se agudizó pospandemia: mientras que entre el 2013 y 2019 la tasa de desempleo tuvo un crecimiento promedio mensual de 0,2%, durante el 2022 y 2023 este crecimiento mensual fue de 0,7%.

Otra tendencia preocupante es que desde antes de la pandemia ha habido un continuo crecimiento del empleo público y un crecimiento casi nulo del empleo privado. Esto no es una buena señal para el mercado laboral, pues el financiamiento del empleo público proviene del sector privado, siendo crucial recuperar el dinamismo en este último sector.

Por lo tanto, el mercado laboral chileno está en un deterioro estructural hace 10 años, profundizado en los últimos dos. ¿Qué puede explicar este debilitamiento desde el 2013? El estancamiento económico. Al usar datos administrativos del empleo formal, se puede ver que estos crecen junto al PIB per cápita de Chile, ambos estancados hace 10 años. Desde el 2013 la economía no crece y no logra generar los empleos para absorber el aumento de la oferta laboral, traduciéndose en las alzas de desempleo que comenzaron en ese año.

Diez años de debilitamiento de nuestro mercado laboral son señal de que estamos ante una crisis estructural y, ante ella, necesitamos cambios estructurales que permitan romper la inercia.

Propuestas hay varias, aquí me gustaría destacar tres:

1) Que los montos de indemnización por despido converjan a los niveles que predominan en la OECD, y que sea a todo evento. Esto facilita la contratación de trabajadores y su movilidad hacia empresas más adecuadas para ellos, lo que se traduce en aumento de productividad y salarios.

2) Avanzar a un régimen tributario de empresas único y simple, competitivo a nivel internacional.

3) Reformar al Sistema de Evaluación Ambiental y de permisos sectoriales, con miras a acortar los plazos asociados y reducir la incertidumbre del proceso.

¿Son propuestas políticamente difíciles de implementar? Puede ser. Pero tal vez la razón de la inercia del deterioro en que estamos es que no desafiamos lo políticamente viable.

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