DIARIO FINANCIERO

Litio en 2024: Frotando la bola de cristal

Por: Joaquín Barañao y Joaquín Sierpe

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¿Cómo se viene este año en materia de litio?

Por el lado de la demanda, la máquina sigue rugiendo. La electrificación del parque automotriz es un alud que no va a parar ya más nadie y las ventas de vehículos eléctricos crecen a tasas de más de 40% anual, el tipo de cifras que sólo las tecnologías disruptivas son capaces de ofrecer. Al respecto, si en 2010 la humanidad quedaba saciada con cien mil toneladas anuales de carbonato de litio equivalente, este año no se contentará con menos de doce veces dicha cantidad.

Por el lado de la oferta, los países bendecidos con el oro blanco continuarán respondiendo a las señales del mercado mediante el desarrollo proporcional de nuevos proyectos, salvo dos notorias excepciones: Bolivia, aún presa de la anacrónica estatización implementada en 2008, y Chile, que seguirá por ahora sin iniciativas nuevas y deberá contentarse con la ampliación de las dos únicas faenas de siempre.

Nuestra minería del litio seguirá tan noticiosa como ha sido la tónica durante el pasado reciente, porque en algún punto del primer trimestre conoceremos los detalles del acuerdo entre SQM y Codelco, cuyo memorándum de entendimiento fue anunciado pocos días atrás. Ese instrumento nos permite formalizar el primer pronóstico: a menos que las negociaciones definitivas fracasen, se vuelve muy improbable que se honre la promesa de una Empresa Nacional del Litio, que anunciara con pompa el Presidente por cadena nacional.

El segundo vaticinio exige sólo saber leer: la producción de SQM aumentará, porque el acuerdo permite 300 mil toneladas adicionales hasta 2030, y 300 mil toneladas anuales de ahí en adelante. Si bien es posible que algo de acción veamos en Maricunga en un futuro no muy lejano, estos volúmenes aseguran que la producción local seguirá muy concentrada al menos hasta el fin de esta década. Al menos otorgan un respiro a lo que parecía un ineludible rezago a nivel mundial, frente a otros productores como Australia o Argentina.

Adentrémonos ahora en terrenos más inciertos.

¿Qué ocurrirá con esas decenas de salares adicionales con potencial productivo? Un borrador preliminar del Pacto Fiscal señalaba que se protegería un 30% de la superficie y que antes que terminara 2023 se aclararían ‘las condiciones para proyectos que sean calificados como estratégicos’. Ambas definiciones, añadía el documento, ‘son fundamentales para otorgar permisos de exploración a inversionistas privados y que éstos conozcan las condiciones bajo las cuales podrán desarrollar sus proyectos’.

Dado que hay buenas razones para creer que no se honrará la promesa de la Empresa Nacional del Litio, ¿podemos abrigar esperanzas de que tampoco se insistirá en la participación mayoritaria del Estado en todo nuevo proyecto, como se adelantó en esa misma cadena nacional? En este gobierno de dos almas, ¿se impondrá el alma pragmática del ministro Marcel, o el alma recelosa de las fuerzas vivas del mercado del Boric de primera vuelta?

Si triunfa el alma marceliana, Chile podría ser testigo de una explosión de inversión y generación de empleo. En caso contrario, nos atrevemos adelantar que habrá mucho menos interés y, posiblemente, muy concentrado en empresas chinas.

El nuevo año dirá.

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