DIARIO FINANCIERO

Indemnización por años de servicio:

un desafío pendiente

Por: Jorge Fantuzzi

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La evidencia muestra que este ítem en Chile es muy alto si se compara con cualquier vara. Un trabajador despedido con 10 años de antigüedad recibe 10 sueldos por indemnización, el promedio de la OCDE entrega 3,2 sueldos.

Hace años tuve que entrevistarme con varios gerentes de personas para hablar de la Indemnización por Años de Servicio (IAS). Recuerdo muy bien la anécdota que nos contó la gerenta de una startup en la que una empleada había ido a cobrar su IAS porque se quería ir a vivir a Australia, debido a su pareja lo habían trasladado a ese país en su trabajo.

La respuesta fue que si se quería ir tenía que renunciar y que no le correspondía una indemnización. Enojada respondió que le correspondía ese pago y que demandaría. No demandó, pero dejó de hacer su trabajo para que la despidieran. Finalmente la empresa tuvo que ceder.

El diagnóstico tras esa anécdota se repitió en empresas de diferentes rubros y tamaños. A saber, que la IAS limita las posibilidades de contratar, encarece tanto la contratación que reduce los salarios que se pueden ofrecer, y afecta la productividad de las empresas.

Es que aunque cuesta que se reconozca públicamente, es bastante generalizado el diagnóstico de que existen buenas razones para pensar que el actual sistema de indemnización en Chile puede ser perjudicial.

En el debate público es fácil caer en caricaturas y asumir que abogar por una mejora al sistema es simplemente para beneficiar a los empresarios, como si se tratara de una defensa corporativa. La verdad es que los más perjudicados con la IAS en su diseño actual son los trabajadores (y probablemente especialmente los más vulnerables), y no los empresarios.

¿Por qué? La evidencia muestra que la IAS en Chile es muy alta si se mide con cualquier vara, incluso al compararnos con la OCDE. Mientras en el país un trabajador despedido con 10 años de antigüedad recibe 10 sueldos por indemnización, el promedio de la OCDE entrega 3,2 sueldos. Además, 11 países de la organización no entregan indemnización por desvinculación. No solo eso, si nos comparamos con el mundo, solo hay ocho países que en 10 años de antigüedad dan más indemnización que Chile, de los cuáles solo dos tienen -como nosotros- un seguro de cesantía: Egipto y Tailandia.

Esto no es inocuo. Una IAS alta encarece el empleo, lo que inevitablemente lo reduce. Por ejemplo, existe evidencia académica de que el aumento en los costos de contratación a causa de altas indemnizaciones provoca períodos de desempleos más extensos, aún en países con tasas de desempleo similares (Blanchard y Portugal, 2001).

La intuición se confirma al mirar los datos de países de la OCDE, en los que se ve una clara correlación negativa entre empleos indefinidos y la cantidad de IAS. Es decir, la correlación induce a pensar que lAS muy altas precarizan el empleo en los países.

Adicionalmente, una alta IAS disminuye la productividad laboral por la rigidez que produce. Afecta la productividad porque reduce los procesos naturales de creación y destrucción de empleos (lo que en la literatura económica se conoce como misallocation), porque impide a las empresas disminuir su tamaño en épocas de “vacas flacas” (lo que se conoce como downsizing) y porque genera incentivos a “buscar un despido” como el de la anécdota.

En resumen, el sistema actual de indemnización no está adaptado al mercado laboral, lo que ha limitado la creación de empleos de calidad y la productividad.

Asimismo, restringe la libertad de los trabajadores al desincentivar que busquen mejores empleos. Una actualización de esta política y una mayor atención al seguro de cesantía serían pasos hacia una política laboral que promueva la libertad y resguarde la dignidad de los chilenos.

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