EL MOSTRADOR

Aceitemos nuestro mercado laboral

Por: Elisa Cabezón

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La buena noticia es que nuestro país tiene mucho espacio para avanzar en movilidad laboral, lo que se traduce en más oportunidades de empleo y mejores sueldos para los chilenos.

La economía chilena, el mercado laboral formal y la productividad no tienen mejoras hace más de 10 años. Además, el empleo no ha logrado recuperar sus niveles previos a la pandemia. Esto hace preguntarnos, ¿dónde Chile tiene espacio para mejorar y salir de este estancamiento? La buena noticia es que nuestro país tiene mucho espacio para avanzar en movilidad laboral, lo que se traduce en más oportunidades de empleo y mejores sueldos para los chilenos.

La movilidad laboral es la facilidad para que los trabajadores transiten entre empresas y sectores económicos. Existe una extensa evidencia académica que sostiene que regulaciones laborales con altos costos de despido, concretamente las indemnizaciones que debe pagar el empleador al despedir, reducen esta movilidad, lo que genera varios efectos nocivos. Nombraré los principales.

Primero, disminuye la contratación formal. Si bien la indemnización busca reducir los despidos, si los montos son altos las empresas anticipan estos eventuales costos fututos, lo que encarece la contratación y reduce la generación de empleos formales. Así, ante mayores montos de indemnización, menor es la cantidad de personas que gozan de este beneficio, como lo indican numerosos artículos académicos. En consecuencia, los mayores costos de contratación que traen las altas indemnizaciones provocan periodos de desempleo extensos.

Segundo, reduce la productividad laboral y con ello los sueldos. Una indemnización alta desincentiva a los trabajadores a cambiarse voluntariamente de trabajo, ya que solo reciben el pago si son despedidos. Esta rigidez reduce la productividad laboral y los salarios, dado que reduce el flujo de trabajadores desde empresas de baja hacia alta productividad. Así, los trabajadores se mantienen en puestos en que están poco satisfechos, reduciendo su compromiso y rendimiento en el trabajo y dificultando que el trabajador llegue a una empresa más compatible con sus habilidades. Por otro lado, las indemnizaciones se pagan en base al último sueldo, lo que desincentiva a las empresas a subir los salarios en la carrera laboral.

Tercero, reduce la innovación en las empresas. La innovación implica mayores riesgos y más necesidad de ajustes ante escenarios adversos, ajustes que una regulación sobre despidos estricta y cara dificulta. Además, los mayores costos de ajustes laborales para las empresas disminuyen la disponibilidad de recursos para invertir en el desarrollo de nuevos y mejores productos y servicios.

¿Chile puede avanzar en movilidad laboral? Sí, y mucho. Nuestro país entrega los mayores montos de indemnización por despido de la OECD. Mientras en Chile un trabajador con 10 años de antigüedad recibe 10 sueldos por indemnización, la OECD paga 3,2 sueldos en promedio. Por otro lado, internacionalmente se ve que, a mayor monto de la indemnización por despido, menor es el porcentaje de la población con empleos formales protegidos con ella. Dentro de la OECD, Chile es el país con el mayor monto de indemnización y con la menor cobertura de empleos con esta protección.

Nuestro país tiene mucho espacio para avanzar en movilidad laboral y darle dinamismo a la economía reduciendo los costos de despidos, para que converjan a los pagos que predominan en la OCDE. Esta reducción debe venir acompañada de un fortalecimiento de las prestaciones del Seguro de Cesantía, que entrega pagos al trabajador al quedar sin trabajo independiente si fue despedido o si renunció voluntariamente. Si apuntamos hacia esta dirección, estaremos aceitando nuestro mercado laboral, lo que ayudará a salir del estancamiento económico y generará más y mejores empleos a los chilenos.

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